» Sánchez Caro, J.M., Todos han nacido en ella: teología de Jerusalén (pags. 13-24)
Pocas palabras evocan, en cualquier lengua, una realidad tan compleja y fascinante como la palabra 'Jerusalén". Es, a la vez, término geográfico, ciudad con larga y movida historia, anhelo acariciado durante siglos, meta de soñadas peregrinaciones, término para la nostalgia y dura realidad de ciudad dividida ayer y hoy. Gloria y tragedia, esplendor y ruina, política y fe, tiempo y eternidad, todo se conjuga alrededor de una palabra, que supera los meros límites de la geografía y la historia para alcanzar la orilla privilegiada de los términos universales y religiosos, que suscitan rápidamente en el oyente todo un universo personal y apasionante. ¿Cómo se convierte una pequeña ciudad cananea, casi desconocida en el ámbito de los imperios universales antiguos, en la ciudad santa más soñada y cantada del universo? Es una historia apasionante que en este artículo se intenta contar para quien desee conocerla en media docena de breves capítulos.
» Trebolle Barrera, J., Jerusalén, capital del gran rey (pags. 25-34)
La figura del rey, la institución de la monarquía y la capital misma del reino, la ciudad de Jerusalén, entraron relativamente tarde en la historia de Israel. En torno al año 1000 a. C. capturó David la ciudad de Jebús y la convirtió en capital de un nuevo reino integrado por las doce tribus de Israel. Los acontecimientos fundacionales que componen la historia sagrada narrada en el Pentateuco habían tenido ya lugar: la liberación de Egipto, la alianza en el Sinaí y el asentamiento de los israelitas en la tierra prometida. Sin embargo, hasta la instauración de la monarquía davídica la religión de Israel no estuvo constituida en la totalidad de los elementos que la componían. El Antiguo Testamento tampoco estaría completo sin los libros históricos y proféticos, que hablan de la experiencia de casi cinco siglos de monarquía, de sus luces y sombras, de su fracaso final y de la proyección escatológica hacia un Reino de los tiempos mesiánicos. Este artículo se ocupa primero de la figura ideal del rey en el Antiguo Oriente y en Israel; a continuación de Yahvé Rey en la ciudad y en el templo de Jerusalén; y finalmente de Yahvé, único rey en Israel.
» Díez Fernández, F., Jerusalén, Jerusalén, huellas de Jesús en la ciudad santa (pags. 35-44 )
Según los evangelios, el contacto de Jesús con la Ciudad Santa se inició en la infancia, y es probable que no se interrumpiera hasta su muerte. Sabemos que en ella se desarrollaron los más trascendentales acontecimientos de su vida, pero no siempre resulta fácil precisar por dónde discurrieron sus pasos. Lo cierto es que Jesús recorrió una parte importante de la ciudad; y que algunos de los lugares, habida cuenta de la importancia de los acontecimientos que en ellos se desarrollaron, se convirtieron pronto en centros de veneración de las primeras comunidades cristianas. De ahí que los principales lugares señalados en los cuatro relatos de la pasión estén identificados con una seguridad que no tiene nada de temeraria. Nos referimos concretamente al Cenáculo, a Getsemaní, al Calvario y a la tumba; y, por supuesto, al Monte de los Olivos y al torrente Cedrón.
» Aguirre Monasterio, R., Seréis mis testigos en Jerusalén (pags. 45-53)
No está clara la reacción inmediata de los discípulos tras la crucifixión de Jesús, pero muy pronto los encontramos reunidos en Jerusalén. Y ello por varias razones: 1) porque era el lugar más idóneo para difundir el anuncio de Jesús resucitado y de la venida del Reino; 2) porque estaban convencidos de que en Jesús y en su propia comunidad se cumplían las promesas hechas a Israel y que, por tanto, pronto - tendría lugar la manifestación plena de Dios, que, según la fe judía, tendría lugar en Jerusalén.
» González Echegaray, J., Jerusalén: historia de una ciudad (pags. 5-12)
Jerusalén, la ciudad santa por excelencia, es sin duda el lugar más sobrecargado de valor sagrado de toda la Tierra. Hay otras ciudades santas, cada una con su propia religión: Benarés para hinduistas y budistas, Kioto para los sintoístas, La Meca para los musulmanes, Roma para los católicos. También lo fueron en otros tiempos Delfos para los antiguos griegos o Tebas (Luxor) para los egipcios. Pero Jerusalén es un lugar santo tanto para judíos como para cristianos y musulmanes; estos últimos la llaman siempre Al-Quds, "La Santa". Nuestra religión cristiana resulta en buena medida incomprensible sin una referencia expresa a Jerusalén, donde tuvo lugar la muerte y resurrección de Cristo. De ahí que esta ciudad, realidad y símbolo, ocupe, un lugar preferencial en el mundo bíblico y sea objeto exclusivo de nuestra atención en este número monográfico de RñB. Pero, para hablar de lo que es y significa Jerusalén, es preciso partir de su realidad física, del paisaje donde se levanta, de su configuración urbanística y de los cambios y vicisitudes que ha sufrido a lo largo de la historia
» Fernández Lago, J., Si me olvido de ti, Jerusalén: nostalgias y esperanzas (pags. 55-61)
Cuando un árabe dice dirigirse a Al-Quds, un judío a Yerusaláim o un cristiano a la Ciudad Santa, están refiriéndose todos ellos a Jerusalén. Isaías la llamó Ariel, que puede ser "hogar de Dios", "ara de Díos", 'fuego del altar de Dios". Es, pues, una ciudad con una referencia especial a Dios, objetivo de los hombres de fe.
» Peña, I., Religiones y comunidades en Jerusalén, hoy (pags. 62-63)
» De Lucas, F., Peregrinar a Jerusalén (pags. 64-65)
» Sánchez Caro, J.M., Lectura de un texto bíblico: Is 2,1-5 (pags. 66)
» Sánchez Caro, J.M., Textos para orar y reflexionar (pags. 67)