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Hoy, día del bautismo de Jesús, pasaje que él explicaba con primor, ha fallecido Fernando Camacho Acosta, buen cristiano y excelente sacerdote. Fernando nació en Melilla el 16 de agosto de 1946. Tras hacer una experiencia en el noviciado de los Maristas, entró en el seminario de Sevilla como vocación tardía (Obviam Christo) y se ordenó el 9 de junio de 1974 en la Parroquia Ntra. Sra. de Guía (La Pañoleta, Camas), donde ha permanecido hasta su muerte. 

 

Alentado por nuestro querido maestro don Juan Guillén, Fernando desarrolló sus estudios en Roma y Salamanca, donde se doctoró con la tesis que llevaba por título: “Las Bienaventuranzas de Mateo (5,3-10): Análisis semántico y comentario exegético”. Fernando se dedicó al estudio de los Evangelios Sinópticos y formó equipo de investigación con el profesor Juan Mateos, con el que desarrolló una interesante lectura simbólica de los evangelios. Publicó numerosos estudios sobre la temática. Tiene sendos comentarios a Mateo y Marcos (III volúmenes) con Juan Mateo en la editorial El Almendro (Córdoba) y diversas monografías sobre las Bienaventuranzas, el título del Hijo del Hombre, “El evangelio: figuras y símbolos”, y un precioso librito titulado “El horizonte humano. La propuesta de Jesús”. Sus numerosísimos artículos han sostenido durante años, junto a otros profesores, la revista Isidorianum del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. Era miembro de la Asociación Bíblica Española.

Fernando alternó la investigación, la docencia y el servicio pastoral. Dio clases en el Centro de Estudios Teológicos y en la Escuela de Teología para Seglares de Sevilla. Fue durante muchos años el encargado de la Biblioteca, que supo dotar y organizar de forma excelente. Ejerció el ministerio en la Pañoleta, Coca de la Piñera y El Carambolo. Allí ha formado equipo pastoral con Gonzalo Flor, otro magnífico profesor del CET. Hoy, en el Tanatorio, estaba el barrio entero de Camas, indicio claro de que Fernando ha desempeñado allí un extraordinario servicio de escucha y atención a los más pobres.

En el plano intelectual, Fernando fue un trabajador incansable, siempre minucioso en sus investigaciones. Era un apasionado de Jesucristo y su evangelio, y de la defensa de los más humildes. Transmitía esta pasión en las clases. Siempre trató con mucho cariño a sus compañeros del departamento de Sagrada Escritura. Solíamos subir cada día a la Biblioteca solo para saludarlo, disfrutar de su sonrisa socarrona y —siempre estaba al día— comentar el último libro que había salido. Lo vamos a echar mucho de menos. Descanse en paz. Firmado: Profesores del Departamento de Sagrada Escritura de Sevilla

 

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