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Según la tradición judía antigua, Isaac no es ofrecido de forma pasiva por su padre Abraham, sino que se ofrece voluntariamente al sacrificio, invita su padre a que lo ate para su inmolación. La Escritura indica que el Monte Moria, el lugar a donde Abraham iba a sacrificar su hijo y donde su hijo Isaac se ofreció espontáneamente a la muerte, coincide con el sitio del Templo de Jerusalén (cf 2Cr 3,1). Algunas tradiciones antiguas colocan el sacrificio de Isaac en el tiempo en el cual los judíos tenían que celebrar la fiesta de Pascua. Existe, por tanto, una clara asociación entre la atadura ('aqedah) de Isaac, que invita a su padre a que lo ate bien para que no se resista al sacrificio, y la del cordero pascual, que tenía también que ser atado en el Templo de Jerusalén y que no debía resistir en el momento de su inmolación. Además, el Siervo de YHWH en Is 53 se asocia con el cordero, llevado al sacrificio, sin abrir boca. La intención de este artículo es tríple: en primer lugar, reconfirmar la antigüedad de la tradición judía de la 'aqedah, la "atadura de Isaac", es decir su libre ofrecimiento a ser atado, tradición ausente en el texto bíblico y que algunos consideran un desarrollo bien posterior a la época de Cristo; en segundo lugar, investigar la antigüedad y la riqueza de la asociación entre las tres figuras de Isaac (en su 'aqedah), del cordero (pascual y tamid) y del Siervo de YHWH en Is 531; por fin, mostrar la importancia histórica y teológica de esta asociación para la interpretación de la figura de Cristo en el Nuevo Testamento y su relación con el Misterio Pascual de Cristo.

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